U.N. Taps American Jewish Critic of Israel as Rights Expert

As if relations between Israel and the United Nations had not deteriorated enough, a new cause for strain arose this week when a prominent American Jewish law professor, who accuses Israel of genocidal policies in the Palestinian territories, was named by the world body’s top human rights entity to monitor the situation in the Palestinian territories.

Richard Falk, an emeritus professor of international law at Princeton University, was appointed on March 26 by the U.N.’s Human Rights Council to become the next special rapporteur on the Palestinian territories. He will replace South Africa’s John Dugard, a staunch critic of Israel whose six-year term is about to end. On the same day, the council elected another departing special rapporteur — and nemesis of the Israeli government — Switzerland’s Jean Ziegler, to an advisory position.

Pro-Israel advocates have for years criticized the human rights apparatus of the U.N. for its perceived anti-Israel bias, and the latest nominations are likely to fuel their disenchantment with the U.N.’s recent vows to become more even-handed. That effort appeared to take a step forward with the creation in 2006 of the Human Rights Council to replace the discredited Human Rights Commission, but the new appointments are seen as a step in the other direction.

“Unfortunately it seems that right now, the council is not missing an opportunity to miss an opportunity,” said Sybil Kessler, director of U.N. affairs for B’nai B’rith International. “Change on the margins feels ever more challenging when member states select and promote experts with obviously biased views toward Israel…. The struggle for change has just gotten that much harder, I am sad to say.”

Falk’s appointment was reached by a consensus of the Human Rights Council’s 47 members, despite efforts by Jewish groups to have Canada and the European Union publicly oppose his nomination. The E.U. remained silent, and Canada did not block the consensus, choosing instead to issue a statement dissociating itself from the choice. The United States, which is not a member of the council, also took the floor to criticize Falk’s published writings.

The terms of Falk’s position, which was created in 1993, are to investigate “Israel’s violations of the principles and bases of international law” while excluding Palestinian actions. No such mandate exists to examine Palestinian violations.

Falk, who is also a visiting professor at the University of California, has an extensive written record on the Israel-Palestinian issue, most of it critical of Jerusalem’s policies over the past 40 years. A recent article that has particularly irked his pro-Israeli critics is titled “Slouching Towards a Palestinian Holocaust.”

In it, Falk writes that “it is especially painful for me, as an American Jew, to feel compelled to portray the ongoing and intensifying abuse of the Palestinian people by Israel through a reliance on such an inflammatory metaphor as ‘holocaust.’”

After describing the Nazi horrors, he asked: “Is it an irresponsible overstatement to associate the treatment of Palestinians with this criminalized Nazi record of collective atrocity? I think not. The recent developments in Gaza are especially disturbing because they express so vividly a deliberate intention on the part of Israel and its allies to subject an entire human community to life-endangering conditions of utmost cruelty.”

The Human Rights Council overwhelmingly elected Ziegler, a Swiss socialist and university professor, to its 18-member advisory committee. He garnered 40 out of 47 votes. As the U.N. expert on the right to food for the past seven years, Ziegler was a fierce critic of Israel and the United States, prompting several Jewish groups to call for his resignation.

By Marc Perelman
Thu. Mar 27, 2008

Organiza tu biblioteca

Organiza tu biblioteca
DE LA SECCIÓN «ARTE DE PARECER CULTO»
Por Enrique Gallud Jardiel

¿Tienes demasiados libros en tu casa y no sabes qué hacer? ¿No consigues
venderlos ni a la de tres? Te doy algunas recomendaciones para sacarles
rendimiento.

Considera que se puede saber mucho de alguien viendo los libros que posee y en
qué forma. Los ejemplares demasiado nuevos y con aspecto de no leídos en la
estantería de tu salón no hablan bien de ti. Evita usarlos para presumir de
cultura, sobre todo si algunos siguen envueltos en papel de celofán.

Si se hallan calzando la mesa de la cocina, por el contrario, denotan una
personalidad amiga del equilibrio y de la estabilidad.

No es aconsejable desprenderse de ellos para ganar espacio. Si lo que quieres
es ganar espacio en tu casa, lo conveniente es que uses y hayas usado siempre
suficiente protección a la hora de mantener relaciones con tu pareja, para
evitar una no deseada prole. No sabes cuánto espacio ahorrarás así. O mejor, no
tengas pareja nunca y tendrás sitio para todos esos libros que tanto detestas.

Si pretendes regalar tus libros a tus amigos para librarte de ellos cometerás
otro error. Ni tus amigos ni las bibliotecas a las que los regales quieren
tenerlos. Tus amigos se verán forzados a leerlos; no lo harán y les pesará la
conciencia. Ya lo dice el refrán: «Quien regala un libro a un amigo, pierde el
libro y pierde al amigo.» Y cada libro regalado a una biblioteca es más trabajo
para el bibliotecario que tiene que clasificarlo, etiquetarlo, meterlo en el
ordenador… Sólo conseguirás que te maldiga y todo el mundo sabe que las
maldiciones de bibliotecarios cabreados son especialmente dañinas para el
ejercicio de tu virilidad.

Si los tienes te verás obligado a clasificarlos. La manera más práctica de
hacerlo es dividirlos por géneros: ficción, poesía, libros de texto, manuales
para que te autoayudes a ti mismo, guías turísticas, libros de César Vidal,
obras de consulta, etc. Esto facilita su búsqueda y denota una mente
organizada. Si tienes demasiadas novelas, por ejemplo, clasifícalas por
nacionalidades o por la orden de Templarios que oculten el secreto de turno. El
orden alfabético está ya démodé.

En cuanto a su colocación recuerda que cada libro es único (a excepción de los
de Azorín, que son todos iguales). En contra de la costumbre, no se deben poner
juntos los de una misma colección. Esto da la impresión de que se han adquirido
en bloque en unas rebajas o que te los han regalado con cualquier periódico.
Siempre es más bonita la variedad. Evita, por tanto, colocar juntos los que
sean del mismo color o tamaño. Pero procura que al combinar los colores no
recuerden los de ninguna bandera de países conflictivos, pues nunca se sabe la
afiliación política de todos los que invites a tu casa y te podrías buscar un
disgusto.

La excepción a esta regla son las enciclopedias, que pueden estar perfectamente
en segunda fila. De hecho, hay muchos libros que no sólo es que pueden, sino
que realmente merecen que los tengas en segunda fila y te olvides de ellos
hasta la próxima mudanza. Una doble fila de libros no resulta fea: los libros
se han de conservar, no es necesario que todos estén a la vista. Siguiendo esta
lógica, mételos en una caja de cartón y rentabiliza el espacio de tu desván,

Si tienes realmente problemas de espacio, aparte de la doble fila, el mejor
procedimiento para ahorrar sitio en tus estanterías es colocar los volúmenes
horizontalmente, unos encima de otros. Las ventajas son varias: caben muchos
más en cada balda, se deterioran menos y resulta más fácil leer sus títulos,
que es en definitiva lo único que vas a leer de ellos. Otra opción es hacer con
ellos una capa en el suelo, digamos de un palmo o así, debajo de la moqueta. Te
sorprenderá ver cuántos libros te quitas de en medio. Claro, que deberás
hacerlo con cuidado, para que no haya altibajos en la superficie y los muebles
no te queden así como ladeados. También te recomiendo que pongas un hule entre
los libros y la moqueta, para protegerlos. Si no, tu perro puede orinarse
encima de El rey Lear o de la Obra escogida de Ramon Llull. Este sistema
presenta otras dos ventajas, aparte de hacer sitio: te evita comprarte puzzles
y te disuade de la lectura, pues si se te ocurre leer algo, te dará pereza
mover el armario y buscar el libro debajo.

En las estanterías debes aprovechar también el espacio. Emplea toda la
estantería. No es elegante alternar una balda repleta de libros con otra en la
que haya una pequeña figura decorativa o un manojo de zanahorias. Si haces la
estantería a medida, usa toda la pared, hasta el techo. Un espacio vacío a los
lados o encima no resulta bello ni práctico y sólo sirve para acumular polvo
que te dará pereza limpiar.

Un consejo de estética: Los libros resultan decorativos, pueden estar en
cualquier lugar del hogar sin desentonar ni dar impresión de desorden.
Desechemos la idea de que sólo han de hallarse en sus estanterías o en la
biblioteca. El lugar idóneo de un libro de recetas es el interior del
frigorífico. La obra maestra de Wilde El retrato de Dorian Gray, por ejemplo,
debe hallarse en el tocador, cerca de un espejo. Del asesinato concebido como
una de las bellas artes, de Thomas de Quinbcey, puede colocarse en el cajón de
los cuchillos. En cambio puedes colocar 20.000 leguas de viaje submarino en la
cisterna del inodoro para que ocupe sitio y ahorrar agua.

Los libros deben denotar naturalidad. No deben parecer algo extraño en el
hogar. Es normal y elegante tenerlos junto al W.C. si de verdad los estamos
leyendo. Por el contrario, un magnífico libro sobre las pirámides de Egipto en
medio del pasillo no trasnmite credibilidad. Es obvio que está allí para
impresionar a las visitas, puesto que no nos detenemos en medio del pasillo
para leer cosas sobre los egipcios. Lo mismo sucede cuando tienes todos los
tomos de la Encyclopedia Britannica sobre la mesita de noche.

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