Moshe Ben Yoseph, (AKA) Otto A. Gubòven salió intempestivamente de ima – quien la noche anterior había devorado un caldo muy especiado después de la proyección de Encuentro cercano del tercer tipo marcando el camino del pequeño Moshe – un día Lunes 12 de Noviembre de 1979, ganando el mote de “pata de perro” por la coincidencia con el día del cartero, y su muy notable deseo de patear las calles, caminos y carreteras en cuanto logró ponerse en pie.
Fue desde siempre un niño raro que pasaba las tardes sentado frente a la librera del pacillo hojeando y ojeando las revistas del National Geographic las cuales terminaron por ser el dolor de cabeza de ima, quien tenía siempre que devolverlas a su sitio tras repasar los contenidos que al nene más habían llamado la atención, así, al cabo de dos años, cuatro meses y veintitrés días el nene, ya leía con alguna corrección. Por aquella época a ima y a aba se les ocurrió la maravillosa idea de incorporar otro rojito a la tropa, y así llego el hermanito de Moshe, el pequeño Rafael – por Rafael Alberti – quien acaparó la despensa y el juguetero, así que en plena competición, los dos hermanitos ganaron algunos kilos, tanto de masita encefálica como de grasita radial. De la infancia las únicas cicatrices fueron un desamor con una nenita de ojos azules, un par de malas decisiones que le costaron ocho puntadas en total, y dos lecciones de dignidad enseñadas por sus viejos ante la adversidad.
Pasaron los años y todo iba bien, hasta que un día se empezó a joder la casa y las cosas, y los dos carentes de una hermana se la inventaron imaginaria, una a la que nunca pusieron nombre pero quien siempre estaba ahí para cargar con las culpas de los juguetes mal puestos, de los platos rotos y de las camas sin tender. Ella por su puesto terminó por dejarlos con sus líos y de lió con un motociclista que se la llevó derechito a Buenos Aires, donde algunos la han visto haciendo carrera política entre los peluches autoexiliados de 31 Minutos. Finalmente la casa se jodió y la familia tuvo que buscarse otra, ahora en Cuernavaca, donde un viejo de esos guadalupanos hipócritas trataba todas las mañanas de verle el culo a la ima por una ventanita hasta que la ima salió con un machete del tamaño de un suspiro pero que bien le valió para matar las calenturas del desarraigado ese.
El aburrimiento y otros problemas entre aba e ima dieron pie a que ima se volviera a la ciudad de Méjico, donde empezó a buscarse otra vida, mas independiente y menos aburrida al lado de su visión de la historia – tanto la propia como la universal – y así se ha mantenido viviendo al margen de guerras, odios enconados, disputas y putos y putas, la propiedad privada y la familia, una bastante extraña también, con padre y madre y todo – de la cual ciertamente nunca recibió nada más que críticas y sablazos. Aba por su parte vio su mundo derrumbarse – como buen leninista – primero en casa cuando se vació la nevera y luego en Europa cuando se cayó un muro y unos monumentos y rematando en Centro América con la rendición incondicional de una guerrilla por la cual se jugo el pellejo varias veces y hasta perdió un empleo. Con todo eso, en realidad no se perdió mucho, sólo 50 años de historia familiar, poca cosa, luego murió el saba – el aba de aba – y luego la ima y el aba de ima.
Se dice que todo empieza con dar el primer paso, y como ya habían habido un par de mudanzas, unas más eran en realidad sólo consecuencia y no otra cosa; de esa manera llegaron los tres primero a El Salvador y luego de regreso a la última frontera, Chiapas, donde un hitleriano director del Colegio de Bachilleres amenazó con linchar al bueno de Moshe si este reincidía en vestir diferente a sus compañeros por lo que fue necesario moverse nuevamente, ahora a un mejor clima en San Cristóbal de las Casas. En sólo un año Moshe había aprendido el Tuxtla que a las chicas les gustan cosas extrañas y no necesariamente agradables, que no se puede esperar tolerancia donde ni siquiera hay respeto y que Tuxtla Gutiérrez apesta a concreto y colonia barata.
En “San Cris”, Moshe re-conoció el amor, el posh, la amistad adolescente y las finas yerbas. El amor duró lo que tuvo que durar. El posh resultó igual de malo que el puerco y el tequila. Las amistades adolescentes se redujeron a una hermana postiza y unos cuantos conocidos en quienes Moshe confía lo mismo que solía confiar Ernesto Guevara en lo que él llamaba Imperialismo… ni tantito. Y las finas yerbas dejaron de ser interesantes al cabo de unos cuantos años. De todo ese tiempo hubo buenas y malas experiencias, y la resaca duró más de lo necesario. Para colmo en esos días el mejor amigo de Moshe fue asesinado por el crimen organizado, ante la negativa del padre del chico para lavar dinero del narco de Jalisco.
Eventualmente hubo que separar el trío. Rafael ya grandecito se fue a vivir con ima a la ciudad de Méjico. Aba se fue a fundar un centro de investigaciones a El Salvador. Mientras tanto Moshe se dedico a deambular entre ciudades, realidades, amistades, experiencias y una cuestionada búsqueda espiritual y existencial. En todo caso no es muy relevante de esa época los lugares que conoció sino lo que aprendió de la gente con quien convivió y de sí mismo. Se crearon nuevas amistades, nuevos odios enconados y varios recuerdos suprimidos, pero en balance fue mucho más lo ganado que lo perdido y siempre que haya ganancia ha sido un buen tiempo el compartido. Eventualmente conoció a Carmen, una mujer excepcional quien sutilmente le orillo a volver a las aulas. Moshe llegó nuevamente a la UNAM. Se enamoro de su carrera pero la engaño con una francófona medio loca. Se tomo demasiado tiempo para reconquistar el amor de la carrera y regresaron para estar juntos por el tiempo que sea esencialmente necesario, y no más.
Como resultado de todo ese camino Moshe se reencontró con su judaísmo y obtuvo una velada confirmación verbal de ima, pero nada más. Literalmente ella dijo: “Es tu búsqueda y tu camino, a mi no me líes con tus rollos.” Pasado el tiempo, el corazón sanó también de los daños con la francófona, tras un necesario año sabático y conocer a un moré excepcional y médico kosher.
De todo ese caos de orígenes soviéticos, latinoamericanistas, enchilados, socialistas, pacifistas, humanistas, cabalistas, masónicos, monoteístas, éticos y morales de la nueva trova y Víctor Jara, Judaísmo de cripta y sionismo socialista, pasando por Alfredo Zitarrosa y Carlos Gardel, Kiss y Timbiriche, Cervantes y Blake, Ungaretti y Amos Oz, Gogol y Joseph Roth, Picasso y Rothko, Adam Sandler y Roberto Benigni, tabaco y vino kosher; de todo ese duro cataclismo que es el exilio heredado, Moshe puede definirse como un hombre bueno, en espera por un juicio justo cuando se le descubra mal gobernante de la ínsula de Sancho. O en otras palabras: A NICE GUY WITH GOOD INTENTIONS AND BADASS ATTITUDE…